La prueba del menú
Nos acompañaron Carmen (la madre del novio) y Lourdes y Ubaldo (los padres de la novia). Queríamos compartir este momento con ellos, que también están viviendo la boda con la misma ilusión que nosotros.
Nos habían dado un consejo muy claro: “Venid con el estómago vacío, vais a probar muchísimas cosas”.
Y obedecimos demasiado bien. Prácticamente no habíamos comido nada en todo el día, así que además de nerviosos… ¡estábamos hambrientos!
Si hay una escena que no olvidaremos nunca es esta:
Empezaron a salir los entrantes fríos. Muchos de pescado. Y David… no es precisamente fan del pescado.
Mientras nosotros probábamos, David miraba con paciencia (y un poco de desesperación) esperando que llegaran los entrantes calientes. Tenía los ojos puestos en la puerta de cocina como quien espera un milagro.
Por fin anuncian el primer entrante caliente. Sale el plato. Es de pescado. Arrancamos todos a reír.
Su cara fue un poema. Entre el hambre acumulada de todo el día y su guerra personal con el pescado, vivió unos minutos de auténtico sufrimiento silencioso.
El postre fue otra sorpresa. No me lo esperaba así. Nos gustó mucho, aunque ya estamos pensando en pequeños cambios para hacerlo todavía más nuestro. Ese detalle me lo guardo. Me gusta tener algún secreto que solo conoceremos nosotros… hasta el gran día.
Cuando salimos de allí, ya no tenía hambre. Tampoco nervios. Tenía una sensación cálida, como cuando sabes que algo está encajando. Me sentí feliz. Como si la boda dejara de ser solo una fecha en el calendario y empezara a tomar forma de verdad.
No solo hemos probado comida. Hemos probado un pedacito de lo que será nuestro día.