El viaje
Elegir nuestro destino no fue fácil. Cambiamos mil veces de idea. Cada semana aparecía un lugar nuevo que nos llamaba la atención, pero nada terminaba de encajar del todo. Queríamos algo que nos marcara de verdad. Un viaje que recordáramos siempre.
Y entonces lo tuvimos claro. No sería un viaje de novios al uso. Sería una aventura. Un road trip por la costa oeste de Estados Unidos. Un millón de horas por carreteras infinitas para enamorarnos de los paisajes de los parques nacionales y de la ruta 66.
Hemos pasado horas y horas mirando vídeos, leyendo blogs, viendo reseñas de personas que ya lo habían hecho. Queríamos un poco de todo: naturaleza, cultura, ciudad, mar… y sobre todo, vivirlo juntos.
Lo tenemos todo cerrado. Rutas, alojamientos, planificación. Pero sabemos que la aventura real empezará cuando estemos allí.
Nos preguntamos si entenderemos bien a la gente, si sabremos movernos con soltura en otro país, si todo saldrá como lo hemos imaginado. Y, al mismo tiempo, eso forma parte de la magia.
Porque lo que más nos apetece no es solo el destino. Es improvisar. Es equivocarnos. Es reírnos. Es compartir cada sorpresa.