LAS FLORES
Si soy sincera, las flores no fueron una de nuestras primeras preocupaciones cuando empezamos a organizar la boda. Había tantas decisiones por tomar que este tema quedó un poco en segundo plano. Sabíamos que estarían ahí, claro, pero no teníamos ni idea de qué estilo queríamos ni qué flores elegir.
Todo cambió el día que fuimos al salón para ver las opciones de mantelería y decoración. Nos prepararon una especie de exposición con todo lo que tenían disponible: manteles, cubertería, cristalería, elementos de coctelería… diferentes combinaciones para imaginar cómo podría verse el día de la boda.
Nada más cruzar la puerta, nuestros ojos se fueron directamente a una mesa. No sabría explicar exactamente qué tenía, pero hubo algo que nos atrapó al instante. Nos miramos y lo supimos sin decir mucho más: ese era el estilo que queríamos. A partir de ese momento todo empezó a encajar.
La paleta de colores fue bastante fácil, yo tenía claro desde el principio: mi color favorito tenía que estar presente sí o sí en nuestra boda. El de David, en cambio, tuvimos que dejarlo fuera… porque aunque el negro es su color favorito, quizá no es el más apropiado para un día como este.
Más allá de la estética, hay ciertas flores que queremos que aparezcan sí o sí. No solo porque nos gusten, sino porque nos recuerdan muchísimo a personas importantes en nuestras vidas. Y al final, eso es lo que hace que todo tenga aún más sentido.