EL TRAJE
Hay novios que dudan, que se prueban mil opciones, que cambian de idea… y luego está David.
Desde el primer momento, él tenía clarísimo lo que quería. Su estilo es totalmente tradicional, de los que no necesitan arriesgar para ir elegantes. Y aunque hay cosas que todavía siguen siendo secreto, tengo clarísimo una cosa: va a estar guapísimo.
David no es de experimentar. Cuando algo le gusta, le gusta. Y eso, aunque parezca mentira, hace que todo el proceso sea mucho más fácil.
El día que fue a elegirlo yo no estuve allí. Quizá por eso la historia me gusta aún más. Le acompañaron su madre y la mía. Dos personas importantes, de esas que dan tranquilidad solo con estar cerca. Antes de que saliera de casa, le dije algo que para mí era casi una certeza: que se preparara para probarse muchos trajes y que buscara un bar cerca, porque aquello iba para largo y después querrían sentarse a comer tranquilamente.
Él me miró con cara de no creérselo. Estaba convencido de que con uno o dos le bastaría. Y, sorprendentemente, así fue.
En menos de una hora ya lo tenía elegido. Sin darle muchas vueltas ni necesidad de comparar demasiado, encontró algo que encajaba con lo que buscaba y decidió en el momento. Es muy suyo, porque cuando lo tiene claro, no se complica. Al final, el plan de ir a comer con calma no hizo falta y acabaron haciendo un almuerzo rápido, porque ya lo tenían todo resuelto enseguida.